Viernes, 11 Septiembre, 2026
La familia Fenoglio, al frente de la empresa Rapanui, impulsó la creación de una fábrica propia de helados para diversificar su propuesta y poder desarrollar una línea de alta gama, con una selección minuciosa, de materias primas. Esa búsqueda de calidad es la que hoy tiene un motivo concreto dentro del Mercado Central: la cercanía con la fruta fresca que la empresa procesa cada día.
A diario, desde muy temprano, un camión sale a comprar esa fruta en el propio Mercado Central. Limones, frutillas, la materia prima que en pocas horas se va a convertir en helado. Esa cercanía entre el Mercado y la fábrica es, para Javier González, gerente de la planta de Rapanui en el Mercado Central, una de las claves del producto: "Compramos todo lo que son las frutas para los helados, las procesamos en esta línea que trajimos hace cuatro meses", explicó, y precisa que se trata de una línea con capacidad para 2.400 litros por hora.
El resultado de ese proceso no es el helado terminado, sino una base líquida que se envasa en sachets y viaja fresca hasta cada sucursal. Ahí, y recién ahí, se mantecan los sabores. "No es lo mismo un sabor recién mantecado que uno que tiene veinte días en una cámara congelada", resumió González, en lo que definió como la diferencia central de la propuesta de la marca.
Logística propia, control de punta a punta
La planta produce entre 12 mil y 18 mil litros por día, que se distribuyen en las sucursales que la marca tiene en Buenos Aires, Bariloche, Córdoba y Rosario. Toda esa distribución la maneja la propia empresa. "Sale todo desde acá, la logística es propia y eso nos ayuda a tener controlado el helado hasta la sucursal y hasta el cliente en sí", explicó el gerente para quien ese control integral es lo que garantiza un producto fresco todos los días.
La tecnología acompaña esa promesa. La línea instalada hace cuatro meses asegura que el helado se pasteurice a la temperatura correcta, con el tiempo de retención necesario y que luego se enfríe a cuatro grados. Ese proceso, según González, es la garantía de que el producto salga inocuo y de que su consumo en las sucursales sea seguro.
Los sabores de siempre
Entre los frutales, el limón y la frutilla son, lejos, los más pedidos. En la línea de crema, el dulce de leche, el chocolate y el pistacho lideran las ventas. Y aunque su trabajo es la producción, González no es ajeno al placer de comerlo: la frutilla, el limón y el pistacho son también sus sabores preferidos.
González lleva dos años al frente de la planta, después de una trayectoria completa en el rubro de helados y frutas. El próximo desafío que tiene por delante es, según explicó, instalar una línea de mermeladas al lado de la actual, pensada para producir grandes volúmenes por día.
La invitación, cierra González, es simple: recorrer las sucursales, probar los helados frescos que se elaboran a diario y descubrir los nuevos sabores que la marca sigue sumando.